La montaña de libros más alta del mundo

Con este título y sabiendo que su autora era Rocio Bonilla, debo decir que recibí al libro con muy buena predisposición. Por suerte, no me defraudó en lo más mínimo. Lo cerré y me dije: “Si eres mediadora de lectura, no puedes no tenerlo”.

La mamá de Lucas, el protagonista de este libro, es una gran lectora y mejor mediadora.
Su hijo se había empeñado en volar. Ya había probado todas las alas habidas y por haber, pero todos sus intentos habían resultado fallidos. Estaba de punta con Santa Claus, con las velas del pastel de cumpleaños y con el mundo en su totalidad porque su deseo nunca se hacía realidad, hasta que descubrió que leer también nos hace volar. Se volvió adicto y leyó, leyó y leyó sobre una montaña enorme de libros con los que viajó y descubrió nuevos mundos que ningunas alas le hubieran permitido conocer.
El libro está lleno de referencias intertextuales que nos transportan a grandes obras de la literatura infantil: El Principito, El libro de la selva o King Kong, entre otras. De este modo, las ilustraciones de Rocio, con una hermosa paleta en tonos pastel, nos hacen volar con Lucas y por momentos podemos percibir el aire fresco en el rostro sentados sobre esa gigante montaña de libros.
Finaliza la historia y nos esperan unas guardas de gorriones pintados a lápiz que son una delicia. Una cuidada edición de Algar de un libro que ya va por su cuarta edición.

Clara y el hombre de la ventana

Un libro cuya autora es María Teresa Andruetto es garantía segura, pero cuando además la acompaña una ilustradora que sabe decir todo lo que las palabras callan, ya es un regalo para los sentidos. Eso es lo que sucede en Clara y el hombre de la ventana, editado por Limonero. 

Martina Trach, una joven ilustradora argentina, con un lenguaje cercano a lo cinematográfico que acerca y aleja al lector de la escena, logra contar con gran sensibilidad una historia a primera vista simple, pero tan compleja como la vida misma. 

Esta es, como dice la propia autora, la historia de cómo su madre descubrió los libros al tiempo que su amigo Juan, un hombre encerrado en su casa desde hacía años, volvió a ver la luz del día. 

Clara, la protagonista de la historia, va a llevarle a Juan todos los días un capazo con ropa lavada y planchada. Él deja las monedas por el pago bajo la alfombra. Pero la curiosidad y la necesidad los llevará a acercarse. Clara quedará maravillada con la biblioteca del señor y Juan quedará prendado de la transparencia de la niña. 

Así Juan descubrirá la pasión de Clara por lo libros, sobre todo los de princesas, y Clara la historia de desamor de Juan y cómo se arrepiente de no haber tenido el coraje para vivir como creía y quería. 

Una historia con un texto mínimo de conversaciones breves y muchos silencios donde la imagen lo complementa a la perfección con detalles deliciosos como los zapatitos rojos de Clara, la niña de la luz, que se dice a sí misma en mayúscula con una expresión limpia y serena: YO VOY A TENER CORAJE. 

Un merecido destacado Alija 2018.

Bajo las olas

Hay editoriales que a una le gustan, otras que sus publicaciones le merecen respeto pero luego están aquellas que sencillamente te pueden, esas que sabes que no te van a decepcionar y con las que sueñas publicar. Ese es el caso de Flamboyant: “El pastel de crepes”, “Mamá al galope” ,“Se me ha roto el corazón”, “No puedo dormir” y un largo etcétera de maravillas publicadas con mucho amor, sin descuidar el más mínimo detalle. 

El último que cayó en mis manos fue “Bajo las olas”, del tándem Meritxell Martí y Xavier Salomó que ya llevan más 30 libros publicados juntos, y esa sintonía se nota, y mucho. 

Se trata de un texto brevísimo, tan solo diálogos mínimos entre los tres personajes que protagonizan esta historia. No se necesita más porque las imágenes dicen con creces lo que las palabras obvian.

Todo sucede en un día de verano en la playa. Un niño en medio del mar con un flotador mirando una gaviota. Otro niño se acerca y lo invita a jugar, pero él, aunque triste, prefiere quedarse en el agua flotando. De repente,  algo sorprendente sucederá bajo las olas, una aventura que adultos y niños seguramente leamos e interpretemos de manera diferente, pero ambos bucearemos asombrados durante páginas y más páginas hasta llegar al tesoro. Y, entonces, un quiebre: una madre en la playa, un flotador solo en el medio del mar y un final inesperado. 

Una historia en apariencia muy simple, de amor, de amistad, que nos invita a reflexionar, a no quedarnos solo con lo que se ve en la superficie. Un relato con mucha luz que se refleja en sus ilustraciones porque, sin duda, Xavier Salomó es un genio jugando con la claridad y la oscuridad.

Por último, un consejo: no se olviden de desnudar al libro de su sobrecubierta porque debajo encontrarán una tapa más que hermosa.

¿Quién lidera?

Recién terminada la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Montevideo, me siento en la obligación casi que moral de una valoración y, claro está, una autocrítica como mediadora de lectura.

No se dispone de números todavía, pero mi percepción, y la de muchos que participaron de la Feria,  es que no tiene el impacto que debería tener, como sí sucede en otros países del mundo.Y no hablo de un impacto comercial, sino de participación, de movilizar a la comunidad lectora y a la que potencialmente puede llegar a serlo.

Ahí viene el discurso autocomplaciente de: “bueno, somos un país chiquito”, o aún peor: “bueno, el tiempo no acompañó, el apagón, la Copa América”. ¿No es una forma fácil de consolarnos y de no asumir nuestra parte de responsabilidad?

El Plan Nacional de Lectura organizó un encuentro de booktubers donde a lo sumo había 20 personas en el salón Dorado, contando padres y amigos de los participantes. ¿Ni siquiera esos jóvenes generadores de opinión fueron capaces de concentrar a más gente? ¿Por qué no estaban todos los booktubers en la sala? ¿Dónde están las más de 3400 personas que siguen la página del Plan de Lectura?

Asimismo, se organizó un encuentro de escritores con nombres como Sebastián Pedrozo, Lía Shenck, Gabriela Armand Ugon, Horacio Cavallo, y casi había el mismo número de autores que de público.

¿Qué está  pasando? ¿No interesan las propuestas? ¿No se comunica bien y, por tanto , no se llega al público objetivo?  Es cierto que las actividades no tuvieron toda la difusión deseada. El programa se publicó pocos días antes de empezar la Feria  y a quienes les llegó no parecieron estar muy motivados. Pero seguro que luego no faltará la queja de que no hay actividades para niños y jóvenes.

No tengo respuestas, pero sí creo que es un tema a debatir, no con ánimo de hacer a nadie culpable ni de generar polémica, sino de mejorar.  Estoy convencida de que, como en otros ámbitos de la vida cultural y educativa del país, trabajar en equipo por un objetivo común y poner al mando a personas capaces de liderar, que las hay y a veces quedan en la sombra, nos ayudaría mucho.

La finalidad no es mostrar qué chacra tiene más y mejores caballos, sino que los jinetes puedan galopar.